martes, 26 de marzo de 2013

POESÍA DE CONFLUENCIAS: una entrevista a Ak'abal

Los puntos cardinales
son cinco.
Es usted, aquí,
el quinto punto cardinal.
—Ak’abal


A veces es mejor no conocer a los autores; se supone que la página basta para entablar un diálogo. “Conocer”, de cualquier forma, es un verbo ingenuo para referirse al acto de intercambiar palabras con alguien. Es probable, en realidad, que el lector nunca conozca al autor por más que lo lea, lo relea, lo salude o lo escuche recitar. Menos con un escritor como Humberto Ak’abal (Momostenango-Guatemala, 1952) quien conversa con el mismo tono quedo y la misma sonrisa inquebrantable sobre el haiku, el Popol Wuuj, la poesía gestual, el frío de los Alpes en invierno, la onomatopoesía o una noche memorable que leyó en Roma con Mario Benedetti, Jorge Eduardo Eielson y Gonzalo Rojas. Siempre que hacemos una entrevista quisiéramos que fuera algo más que un cuestionario en el que el entrevistador confiesa sus obsesiones y el autor salvaguarda su intimidad. Afortunadamente, creo que esta vez con Ak’abal no tuvo rastros de ese simulacro.


Entre el ocho y el trece de mayo de 2011, en el marco del I Encuentro Internacional de Escritores Indígenas (a donde fueron invitados los escritores Jorge Cocom, Jaime Luis Huenún, Leonel Lienlaf, Hugo Jamioy, Miguel Ángel López, Fredy Chicangana, Estercilia Simanca y Vicenta Siosi, entre otros) y el 19 Festival Internacional de Poesía de Bogotá, tuve la fortuna de compartir varios momentos con Humberto Ak’abal y dialogar sobre su poesía y el  panorama de la literatura indígena contemporánea. El domingo ocho de mayo, en el Pabellón de las Lenguas de la XXIV Feria del libro de Bogotá, comenzó nuestra charla, justo cuando el escritor y crítico literario colombiano Miguel Rocha, organizador académico del encuentro, me invitó a unirme al conversatorio. 

Juan Guillermo: Humberto…, por qué no nos explicas un poco tu propuesta de una poesía de confluencias…

Humberto Ak’abal: … con los libros que yo encontré en la basura me fui formando en la literatura universal. Esto fue la base para… para tener otra visión de mundo. Comencé a viajar a través de los libros y eso me enriqueció mucho. No olvido la primera experiencia de cuando estuve en Francia porque sentía que yo había estado ya en París. Después de haber leído a Víctor Hugo, sentí esa extraña impresión, como si hubiera vivido una vida anterior en esa ciudad. El caso es que los libros tienen justamente la magia de transportarlo a uno a países lejanos, de llevarlo y conocer. Así fui enriqueciendo mi bilingüismo, y de aquí es donde yo decía eso que tú recordabas ahora mismo, que tengo influencias a través de la literatura universal, pero también la confluencia de los dos idiomas, el maya k’iche’ y el castellano, por eso he llegado a esta conclusión: soy un poeta de confluencias, bicultural, bilingüe.  Con esto quiero decir que he aprendido a pensar independientemente en cada una de las dos lenguas: cuando hablo maya-k’iche’,  pienso en maya-k’iche’; cuando hablo en castellano, pienso en castellano. Sin embargo, a la hora de ponerme a escribir, mis sentimientos siempre parten de mi lengua materna aunque escriba en castellano. Y a la hora de traducir, descubro que una lengua enriquece a la otra.

***

Ak’abal había llegado el día anterior de Valledupar y ahora tenía un sin número de actividades con el Festival de Poesía de Bogotá, así que no hubo tiempo de prolongar la charla.  El lunes nueve, sin embargo, nos encontramos en el Centro García Márquez en otro recital y nos fuimos a caminar por La Candelaria. Como siempre pasa en esas circunstancias, hubiera dado lo que fuera por grabar sus historias, como aquella en la que un profesor norteamericano había escrito un artículo diciendo que Ak’abal había muerto… Mientras nos tomábamos una cerveza y esperábamos la comida, me recomendó estudios arqueológicos sobre los mayas, nombres de poetas españoles contemporáneos que estaba leyendo, títulos de tesis sobre su obra en Barcelona, Escocia e Italia, y hasta quedó tiempo para una dosis de k’iche’:
- Juan, ¿cómo dice el gallo en castellano?”,
- ¿Kiikirikiii…?
- En k’iche’, el gallo dice ¡saqir ri q’ij…!, que quiere decir: está clareando el día…
Y sí…, en la oquedad de esa casa colonial, poco a poco Ak’abal me fue aclarando algo que no había concebido después de años de leer su poesía: la fuerza de la palabra del autor de “Cantos de pájaros” obedece al cambio, no al estatismo. Del encuentro con su comunidad, de las largas temporadas en Europa, de las lecturas de libros y relámpagos a la vez, Humberto Ak’abal me fue mostrando esa noche que salir de Momostenango (primero a Ciudad de Guatemala y luego al mundo) había revuelto su ser definitivamente. Claro, todo esto sugerido por el silencio del día anterior en la Feria del libro: “Así que yo llego a esa deducción –había dicho Ak’abal- que soy un poeta de confluencias, para resumirlo de alguna manera. Es lo que creo, pero francamente si no hubiera sido por esa relación…, no sé… Yo soy bicultural ahora, bilingüe y… bueno…, pon tú lo que falta ahí…”.

“¿Quién soy?”, me dice Ak’abal… “Esa es una de las preguntas, Juan, que recorre uno de los próximos libros: El pájaro encadenado”. Pienso, entonces, que el territorio de Ak’abal hace mucho tiempo dejó de ser la región de Totonicapán en Guatemala, y que al mismo tiempo su comunidad, su lengua materna, las enseñanzas de su abuelo sacerdote maya, siguen intactas en la región de los árboles.  Al final de la noche, ante mi empeño en hacerle una entrevista, me dice que nos veamos el miércoles en la mañana.

Y así fue…, lo recogí en la 19 con séptima y nos fuimos a tomar un café. Pitos, risas y cantos de vajillas fueron la banda sonora de estas declaraciones que siguen, las cuales invitan, abiertamente, a un momento de reflexión entre los poetas indígenas contemporáneos, sus lectores, sus editores, sus premios  y sus críticos.

HA: Buenos días, Juan Guillermo. Es un gusto saludarte y conocerte. Soy Humberto Ak’abal, vengo de Guatemala, pertenezco a la etnia maya-k’iche’, esta es una etnia que forma parte de la milenaria cultura Maya; como tú ya sabes, me ejercito en la poesía a partir de la lengua de mis ancestros, el maya k’iche’.

JG: Gracias, Humberto. Por qué no nos platicas un poco cómo es la región y la comunidad de donde vienes…

HA: Estamos más o menos a 2300 metros sobre el nivel del mar. Es una región poblada de árboles. Mi pueblo fue asentado en un barranco, por eso no encuentras una sola calle plana; a dondequiera que te dirijas: subes o bajas.  El clima es templado.  Aunque hay un matiz de religiones judeo-cristianas, las creencias de nuestros ancestros aún permanecen con mucha fuerza, “El Cholq’ij” es un ceremonial basado en un calendario, cuyo ciclo dura 260 días, es decir 9 meses lunares, y como dato curioso la festividad de inicio de cada nuevo ciclo, no comienza con el día “1”, como indica la lógica occidental, sino con el día “8”, y esta fiesta ritual-ceremonial en lengua maya-k’iche’ se llama “Wajxaq’ib Batz” (Ocho Hilo).

…Así mismo, seguimos usando el calendario agrícola, o calendario solar de 365 días, que se llama “Ab”; éste tampoco comienza con el “1” de Enero del calendario gregoriano, sino que coincide con el 22 de Marzo.  El maíz es el grano principal con el que nos alimentamos… Aún quedan tejedores de cobijas elaboradas con lana de oveja (en mis años juveniles, ese fue mi trabajo), y agricultores de pequeños terrenos para consumo familiar.  Y no deja de impresionarme la variedad de pájaros con que contamos. Lo que me entristece mucho es la contaminación en la que estamos cayendo con respecto a los nacimientos de agua, porque es una tierra muy rica en agua, pero se está descuidando bastante y las autoridades con respecto al cuidado del medio ambiente son un fracaso, unos analfabetas in fieri. Así que tiene su lado hermoso y cosas tristes también, descuidadas por las mismas autoridades, y lastimosamente las escuelas no ayudan, los maestros no contribuyen a concientizar a sus educandos a este respecto.

JG: Humberto, como escritor, ¿cómo ha sido tu experiencia con la lengua nativa de tu comunidad y cuál con el castellano?

HA: Pues…, mira, inicialmente fue lo que escuché recién llegado a este mundo, en mi familia; porque del lado de mi padre, mis abuelos eran compositores, músicos, marimbistas, cantores, y del lado de mi madre, mis abuelas eran contadoras de cuentos de la tradición oral. Así que…, la mezcla de la música y la palabra fueron los que sentaron las bases de esa inquietud que después comencé a desarrollar. Todo esto a partir de mi lengua materna, porque el castellano lo fui perfeccionando a través de la lectura con el tiempo.

… Así que mis primeras influencias fueron las que escuché de mis abuelos; la escuela que recibí de ellos y que para mí es la más rica y la más profunda, es el cimiento de mi conciencia, de mi sentido de pertenencia a la cultura maya-k’iche’, lejos de las academias, lejos de las fórmulas, lejos de las reglas y de ciertas camisas de fuerza que después va imponiendo la misma sociedad. Así que crecí bajo la bandera de la libertad, esa riqueza es lo más valioso que he atesorado, y es lo que después se viene volcando en mi trabajo a lo largo de mi tiempo.

…Y para responder concretamente tu pregunta; en mi comunidad pasa de todo, están los que aprecian mi poesía, la leen, les gusta escucharla; hablo en maya-k’iche’ con mi gente y obviamente en castellano con quienes no hablan mi lengua maya. Y, para mantener el equilibrio, no deja de haber algunas personas a quienes no les soy grato, los hay entre la gente k’iche’, y entre los no indígenas; así que no te imagines que soy un paradigma, solo soy uno más en la población.  Lo de poeta es un pequeño añadido.

JG: ¿Cuál es tu posición sobre la traducción en poesía?

HA: De primera instancia tropiezo con los mismos problemas que te dan otros idiomas, trasladar de una lengua a otra no es tan fácil como parece.  Tiene sus ventajas y sus desventajas, sus dificultades; aunque me considero bilingüe, con cierto dominio de los dos lenguajes, no siempre ha sido fácil. Cuando hablo de mis traducciones, o como hemos dado en llamarlo autotraducciones (lo he dicho siempre), no he conseguido totalmente una traducción… fiel.  Tengo que ser honesto y reconocer que yo soy dos poetas en uno. En mi propia lengua, mi poesía tiene un carácter, un sentido, tiene otra forma de estructura, que sólo se puede percibir a través del sonido, el ritmo y sus silencios, la lengua maya-k’iche’ es gutural, tiene sonidos ascendentes y descendentes. Así que lo que traduzco al castellano es… el sentido, aunque muchas veces jugando con las palabras castellanas para darle un carácter, para que se pueda entender y comprender en este idioma. Por eso es que me atrevo a decir que soy dos poetas en uno, porque tengo que hacer la alfarería de mis poemas en esta segunda lengua.

JG: Humberto…, juguemos a las definiciones… Qué es para ti (yo te voy a decir algunas palabras y… tú me vas a decir lo que te sugieren…) tierra…

HA: La madre.

JG: Territorio…

HA: El espacio que me rodea, el espacio inmediato.  Nosotros tenemos un concepto bastante interesante en este sentido, porque el territorio es donde te estás moviendo, no donde estás viviendo, entonces aquí (Bogotá…) también es mi territorio…

JG: Sangre…

HA: El hilo que nos mantiene conectados con nuestros ancestros, el día que se pierda, lo habremos perdido todo. La sangre es el conjunto de los contenidos, de los conocimientos ancestrales heredados, la savia de la vida…

JG: La muerte…

HA: La transición de la vida hacia otro estado. Una continuación distinta…

JG: Ciudad…

HA: Bueno…, esto es bastante nuevo porque en todo caso el concepto nuestro es de comunidad. La comunidad es mucho más íntima; la ciudad es ajena. La ciudad es un concepto de amplitud, de ahogo…, es increíble pero se ahoga uno más en un espacio grande que en un espacio pequeño.

JG: Humberto…, ¿cómo ves el futuro de la poesía indígena contemporánea? ¿Qué nuevas o antiguas preocupaciones habrán de alimentarla?

HA: No quisiera ser pesimista, pero es un poco preocupante, porque… primero tendríamos que empezar a preguntarnos: ¿de veras existe lo que llamamos poesía indígena? Es algo que a veces me quita el sueño… No quisiera llevarles la contraria a los dos o tres que tratan de ejercitarse también en este género; sin embargo, me preocupa mucho cuando escucho a los amigos que hacen el esfuerzo de utilizar su lengua para decir algunas cosas… Siento que se está cayendo un poco en el romanticismo, más bien pareciera que intentaran… mantenerse anclados en un pasado que no conocimos, que sólo sabemos a través de libros.  Siento que esa manera ilusoria de escribir pensando en un lejano ayer, en vez de hacernos bien, nos hace daño. No quiero decir que no conozcamos nuestra historia, esto es importante; para saber quienes somos.  Lo que no me parece correcto es, cuando escucho a los muchachos decir: “los abuelos dicen…, los abuelos dicen…, los abuelos dicen…”, siempre están aferrándose a los abuelos; pero me pregunto, será verdad que sus abuelos dicen eso que están diciendo, no se requiere ser un gran conocedor para darse cuenta que muchas veces sólo son frases vacías, y esto demuestra inseguridad; ese abuso de remitírselo todo a los abuelos destruye lo que en verdad han dicho ellos con sabiduría. 

…Los jóvenes escritores indígenas sin proponérselo y quizá inconscientemente nos están diciendo que no saben nada porque sólo repiten.  La sabiduría de nuestros abuelos es importante tenerla presente, pero también es hora de que nosotros pongamos a trabajar nuestros cerebros. Esa inseguridad que solo nos convierte en altoparlantes, en lo único que va a contribuir es que terminemos matando las voces de nuestros mayores, porque, según yo, la poesía no es repetición sino creación y por eso es que, hasta donde puedo ver,  nuestra poesía no adelanta…, porque se mantiene en un círculo vicioso, y eso hace que se escuche demasiado aparatoso. No se requiere saber la lengua materna de x ó y para darse cuenta que lo que está diciendo en castellano no es lo que está diciendo en su lengua. Ahí hay mucha falsedad. Y si eso continúa  así, yo no le veo futuro.  Hay algunas excepciones, quizá por eso se note más.

JG: ¿Qué piensas, entonces, sobre el término oralitura?

HA:  Es una bella palabra,  no hay que despreciarla… En todo caso, es una mejor manera de llamarla contemporáneamente que llamarla antropológicamente “tradición oral”.  Yo uso más la expresión “tradición oral”, no porque me agrade…, sino como referente inmediato y porque es la manera o la manía de dar a entender lo que quiero decir o a lo que quiero referirme.  Porque si eso que se ha dado en llamar oralitura (que se oye muy bien…) se sigue ejercitando, creo que debe evolucionar, la recreación es la que mantiene viva esa riqueza poética y cuentística de la oralidad, pero si va a estar estática, entonces es repetición, y como tú sabes toda repetición termina empalagando. De ahí que creo que es un poco delicado su uso, porque si se va a usar como calificativo de algo que está en movimiento, me parece importante, pero si sólo es para referirse a la repetición, va a terminar ahogándose… 
***
Terminamos el café y seguimos charlando unos pocos minutos, porque tenía otros compromisos en la mañana. Su sonrisa nunca dio el brazo a torcer y las preguntas seguramente se quedaron cortas. “Debió hablar Juan Guillermo y no el lector de Ak’abal…”, pienso. Consuela que no hubo simulacro, porque en tensión con lo que hemos leído en revistas, artículos y tesis, Ak’abal está mirando por estos días de reojo la oralitura y, en cambio, se está acercando a las nuevas generaciones de escritores indígenas (pienso en los mapuche-hulliche Jaime Huenún y David Añiñir) mientras escarba en su propia subjetividad, pensando siempre en la memoria y la tradición, sí…, pero ahora desde el movimiento, desde el giro que oxigena: empresa paradójica y, por eso mismo, poética. 


PUBLICADO EN:
Revista de Literaturas Populares.  Universidad Nacional Autónoma de México. 

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